02 enero 2013

POS OPERATORIO (Cap. 25)

Su corazón dejo de latir, sus ojos dejaron de observar las mañanas de su jardín. Su despedida estuvo escasa de lágrimas, ella hizo buenas cosas antes de viajar. Organizo a sus hijos, me visito en mi nueva casa y hasta se percató de alimentar a Rima, su gata blanca. Sobre su cama hecha, como con una sonrisa, como con un hilo de dialogo que se mantenía en el aire cuando la mirabas, ella se fue de gira y en ese debut de otra dimensión, todas las puertas se abrieron en las calles aledañas para despedirla. Todo lo que sucedía en mi vida, tienen un porque. A veces muy difícil de comprender, otras lógicamente entendible. El fin de algo para el comienzo de algo mejor o de otra cosa. Debo construir eso mejor que quiero para mi vida, debo expandir mi mente y trabajar duro para extirpar pensamientos y recuerdos benignos. Como cuando diagnostican cáncer. Cruel, duro y de batallas sin espadas. Sometiéndome de ahora en más a curas con incencio, respiraciones profundas y alineamiento de mi estructura. Corazón, mente y cuerpo. Perder sin haber aceptado las reglas habiéndolas leído es esperar que el juego acabe mal en cualquier momento. Sin aviso, en un día hábil o de puente, pero yo gane la partida de ajedrez más larga de esta etapa de mi vida, una partida contra tres reyes, cuatro torres, nueve caballos y veinte alfiles. Ilegitima partida. Mi escuadrón de hierro y oro blanco lucho contra tremendo batallón perdiendo en toda la jugada a gran parte de sus hombres guerreros. Justo después de un mal movimiento, mi Rey grito Jaque Mate. El tablero se cerró rápidamente hasta convertirse en un cubo del tamaño de una caja de fósforos. Sobre mi mano, lo lleve hacia mi bolsillo retirándome del juego triunfante para que catorce meses después entienda que rehacer viene de reconstruir, reciclar, remodelar, decorar. Rehacer mi vida significo empezar de nuevo en todos los sentidos. Empezar de nuevo rehaciendo lo que se hacer con lo que tengo o con lo que me quedo. La palabra rehacer, no debería existir. No podemos rehacer nuestras vidas con lo que quedo porque ahí estamos utilizando todo lo que nos dejaron para decorar algo que queremos convertirlo en nuevo. Para empezar de nuevo, se empieza de cero, sin absolutamente nada. Allí, en ese ámbito cero, nuestra mente construye pensamientos nuevos con cosas nuevas, que van desde los objetos, la ropa, los muebles de casa y hasta las sabanas. A diferencia de otros casos, como el de una mujer que quedo en la calle porque el ex marido le quito legalmente después de juicios todo lo que construyeron como familia sin saber este que le estaba haciendo el bien, le estaba dando la llave secreta del empezar de cero. Yo me quede sin nada inconscientemente de a poco. Luciano me dejo la alcantarilla repleta de deudas, tarjetas de crédito con mora, y un sin fin de inconclusos numero con negativo adelante. Vendí, cada uno de mis muebles para pagar aquello, todo lo que equipaba nuestra casa se fue en una mudanza por menos de la mitad de su valor. Así, sin darme cuenta, me desligué de todo lo que teníamos. Mientras esto ocurría, en aquel nuevo hogar intentaba rehacer mi vida. Entonces siempre erraba sobre lo mismo. Quería reconstruir con cosas que solo me anclaban a seguir remodelando, y en realidad lo que yo debía hacer es básicamente empezar de cero. Sobre esa etapa, conocí muchos hombres dispuestos a rellenar mis recovecos, algunos me dejaron, otros y en su mayoría los dejaba yo cada vez que aparecía Luciano. Sí, nos vimos infinitas noches sobre mi cama, cansados de hacer el amor como a nuestros otros se les antojaba, cansados de no ser entendidos, cansados de comida delivery, cansados de masajes de spa. Enfermos los dos, nos extrañábamos. Nos necesitábamos algunos días para seguir viviendo hasta que aparecían los otros en nuestros caminos. Si tuvieses el pelo como antes quizás me enamoraría de vos otra vez, me dijo entrelazado sobre mi cuello, atado de cintura con la mía. Me deje caer una lágrima pidiéndole que se vaya, estamos haciendo las cosas otra vez mal. No quiero perderte, nunca volveremos a ser como fuimos, porque el tiempo ya paso, respondí mientras cerraba la puerta del ascensor. Tres días después pase por su casa y estacionado estaba el auto color plata que reconocí anos atrás fuera de nuestra casa antes de separarnos. Por mi culpa, por mi maldita culpa, dije. Sigo intentando rehacer esto con los materiales y el polvillo que dejo el Huracán de Tokio. Yo soy el único responsable, el único que tiene el poder, la facultad y la necesidad de cambiar. Fina la línea que separa del mapa las ciudades del volver a empezar y empezar de cero. Estoy sobre la cordillera, un pie aquí y el otro allá. Debo caminar por la ciudad de empezar de cero y construir muros para no mirar hacia atrás, para no escaparme, para no confundirme otra vez. Siempre que puedo, pienso. Siempre que estoy solo, lloro. Siempre que me gusta alguien, huye. Siempre que quiero, se acaba. Siempre cuando amanece, perdono. Siempre que me acuerdo, rezo. Siempre que me llaman, cuelgo. Siempre que me besan, muerdo. Siempre que te veo, siento. Siempre que respiro, vivo. Siempre cuando me hieren, olvido. Siempre que cosecho, talo. Siempre que sonrío, crezco. Siempre que me abrazan, vuelo. Siempre que me buscan, conquisto. Siempre que canto, razono. Siempre que hago el amor, repito. Siempre cuando tienden una mano, agradezco. Siempre que sueño, lo hago realidad. Siempre que me enamoro, tiemblo. Siempre que busco, desvivo. Siempre cuando pienso en el amor, imagino. Siempre que espero, tarda. Siempre que tarda, llega. Siempre que intento, gano. Siempre que conduzco, choco. Siempre que camino, sudo. Siempre que quiero empezar de nuevo, empiezo desde cero. Siempre que Siempre que Siempre que Siempre que Siempre que Puntos suspensivos.

20 agosto 2012

El Huracán de Tokio (Cap. 24)

Actívate con pasión un poco más, alimenta tu motivación, crece todos los días, genera nuevas ideas, conéctate con eficacia, construye puentes, busca un mentor, escribe un plan, sigue hasta el final. Crea confianza, alimenta tu fe, supérate un poco más cada día, planifica tus sueños y alcánzalos, tolera la frustración y construye tu felicidad. Vive sin mentiras, canta una canción, limpia tus sábanas, enumera tus fortalezas y trabaja en tus debilidades. Permite llorar sabiendo que estas eliminando toxinas, recupérate pronto. Tómate tu tiempo, súbete a un árbol, amígate con las aves. Siéntate, toma un té y continua viviendo. Leí los avisos de alquileres, me motive con el primero que vi. Fue destino. Una construcción hecha para mí. No tenia habitaciones, estaba compuesto por un espacio llano con amplias ventanas que iban desde el piso hasta el techo. Las paredes eran románticas, tibias de color champagne. Tenía la vista directo hacia las montañas. El piso 24 era su record, la torre competía contra otros, ganando el puesto al más alto y más seguro de la ciudad. Me decidí sin pensar más. Que bien se siente el cambio en puerta, solo pensaba en mi felicidad, por momentos tenia pensamientos egoístas. Sobre el día de mudarme, me deshice de todo lo que pudiera recordarme a Luciano. Basta de motivos para acarrear sentimientos tóxicos. Llevaba en las manos una enorme pena cada vez que me abalanzaba hacia los muebles para vaciarlos, el ropero, ya no llevaba camisas con su perfume, la cama ya no existía. Nueve cajas apiladas listas para viajar me recordaron a cuando el se fue. Arrepentido quise recuperarlo y corrí después que el cerrara la puerta y al llegar al ascensor este marcaba en su visor piso cero, allí supe que ya había partido. Repetí la escena como si estuviese viviendo ese momento. Regrese a mi posición en el suelo mientras terminaba de pintar el ultimo sócalo. Mi comportamiento era bipolar, estaba feliz porque daba un gran paso y angustiado porque abandonaba otro. ¿Que es lo que quiero en verdad entonces?, me cuestione otras centenares de veces. Necesito comportarme firmemente y no anclarme, entonces espere el camión de mudanzas. Elisa se hallaba pulcra de sonrisa, enérgica sobre la vereda de mi nuevo hogar. Jalaba de la cuerda para desatar el nudo, cuerda que sostenía el escritorio para que no cayese durante el trayecto. Estaba desesperada por darme ese abrazo que se hizo esperar tanto tiempo. Olía a rosas de su jardín. Me prestó bellos recuerdos. Me contagió su energía de ganas, ganas de equipar la sala, ganas de colgar un cuadro, ganas de poner música, ganas de reírme todo el tiempo, ganas de oír noticias de casa, ganas al fin. Abuela Elisa, traía consigo ganas de quedarse conmigo. Quería ser mi madre de nuevo como de pequeño. Que bien me hace. Durante su estadía aprovechó para visitar a sus viejas amigas que no veía hace muchos años. Amigas que ni yo sabía que existían. Fuimos de compras, hablamos después de cada café. No hubo día que no llamasen desde su casa para preguntar como estaba, que cuando regresaría. De inmediato les colgaba a sus hijos y nos mirábamos picaros explotando en carcajadas. Bueno creo que es hora de volver a casa, parece que no hacen nada sin mí, esta bien, puse cara de pocos amigos. Viajó de regreso. Su visita había sido como vacacionar lleno de buenos momentos en dúo. Me despeje la mente, pensé en otras cosas, en cuando era niño y ella cocinaba tortas conmigo por ejemplo. La realidad es que ahora debía enfrentarme yo solo a esta nueva vida, sin relojes, sin sonidos extraños. La música fue mi gran sostén, recupere el habito de bailar y poco a poco rehíce mi grupo de amigos. Resistí a continuar faltando a mi trabajo, allí es donde todos me avanzaron con un abrazo de bienvenida. Esto anda bien dije. Aunque me haga el fuerte, aunque me vista de súper héroe, aunque investigue sobre la amnesia, aunque muestre simpatía en mi oficina yo no dejo ni un segundo de pensar en el. Hay partes de piel rajada que la llevo guardada donde no se ve, hay deseos de sus besos sin importar con quien este, hay un viento fresco que quiere que nos roce a los dos. El amor es tan simple de describir, pero solo aquel que haya bebido del amor sabe formular la oración correcta que lo define. ¿Estaré enfermo de amor o solo estoy acostumbrado a vivir a su lado?, es muy común confundir los sentimientos físicos y mentales. Es decir, si me voy de casa voy a extrañar a mamá, si me separo de mi pareja también voy a extrañarla, es normal. Pero el punto esta en saber si extraño a tal porque tenia la ropa limpia, porque me ayudaba con la tarea o porque lo amo. Lo que puede parecer amor quizás solo sea una sensación que solo el tiempo develara su significado. La diferencia de extrañar por acostumbramiento a extrañar por amor es muy fina, pero existe y no se debe confundirse jamás. Los libros de autoayuda no me sirven, se parecen mucho a los programas de televisión en donde plantean el sufrimiento como la causa del malestar. Oiga, yo no estoy sufriendo, solo necesito ayuda, una segunda opinión, dijo una creyente. Pague un diezmo de sus ingresos y rece tres ave María, se escuchó en la sala que estaba llena de peregrinos esperanzados. Di media vuelta y vomité sobre el cobertor de la cama. Enseguida cambié de canal. Me encontraba embriagado con una botella media vacía, la luna no me dejaba el rostro totalmente a oscuras, encendí seguidillas de cigarrillos y el humo disperso me prometió tranquilidad. La calle que veía desde el ventanal quería descansar, los perros arrastraban los residuos lamidos por los lobos que bajaban a esa hora desde la montaña. Me mantuve inquieto mientras transcurría la madrugada de Noviembre, mi vaso pedía más de la botella hasta recibir la peor noticia que se me anticipo bien temprano. Yo lo sentía, la vi entre mi humo, tomó de mi bebida y piteo de lo ultimo del cigarro. Mi madre no se atrevió a llamarme, me dejo un mensaje en el contestador. La Abuela Elisa había muerto.

10 agosto 2012

Guerra, Pecado y Significado (Cap 23)

Mi comportamiento dejó claro en la oficina durante semanas que algo no estaba bien dentro y fuera de mí. Me dije que lo peor ya había ocurrido, pero ¿podría pasar algo más después de esto? Siempre las situaciones se superan una con otra, escuche algo superador de mi anécdota y no me asuste. Se me llamó a la sala de reclutamiento de personal, en cuanto me senté, el jefe de área se levantó para llamar a María con grito de sargento desde el pasillo, la psicóloga. Estaban ellos, yo y mis dos manos debajo de mis piernas en aquella silla, mis ojos no hacían foco sobre lo que observaban, solo miraban borroso. Ellos hablaban, no oía que, quizás no quería oír. Sonaba música que solo yo escuchaba. Un chasquido frente mío me despertó. - Le pido por favor que no falte más, llega tarde y su desempeño esta por debajo de lo aceptable. Piense que todos tenemos problemas, queremos verle siendo otra vez ud. Retírese y vuelva mañana. Tome mi música, caminé con pasos cortos, Salí hacia la calle de regreso a casa. Llegué, y antes de ingresar me frenaron los pies sin que les de la orden. Gire 160° y volví hacia la vereda, di diez vueltas a la redonda antes de decidirme ingresar nuevamente. Reconocí que mirando hacia arriba se puede descubrir edificios que siempre estuvieron y que nunca antes los había visto. Hay más gente allí, en aquel de la esquina. Señalé un último piso en donde, desde su balcón caía feliz una enredadera colmada de frutos florecidos. ¿Quien vive allí?, debajo del cartel luminoso de publicidad. Esa luz rosa titilante, que bella se ve de noche. Continúe caminando. Estamos tan interesados por encontrar dinero en el suelo que llevamos la cabeza gacha, la calle no es una mina de minerales, no hay oro ni diamantes por doquier. Queremos llegar rápido al trabajo, vivimos tan de prisa, hablamos sin pausa, comemos tan veloz que olvidamos lo que hay en el plato. Hemos dejado de mirar a los ojos, ya no se dice, ¡Buen Día!, ya no se pide disculpas cuando tropezamos sobre el pie de alguien. Estamos tan sobre el segundo que nos olvidamos del minuto, de la hora y del día. Antes de cruzar la calle marcando verde y sin esperar a rojo el semáforo, me dije, mas vale perder un segundo en la vida, que la vida en un segundo. Sonreí al mirar los rostros apurados de aquellos que cruzaban cuando no se debía. Vivimos en una Metrópolis, allí retumbó la frase de mi jefe, “todos tenemos problemas”. Quiero que el mío deje de ser uno más. Se me dibujó otra sonrisa arriba de mi tristeza. Antes de poner un pie sobre la alfombra deje la puerta abierta, mire hacia ambos lados, quería sentirme seguro de que Luciano no estuviese allí. En cuanto respire aliviado cerré dejando la llave en cruz. Debo tomarme un tiempo para pensar que hacer con todo esto, necesito plantarme firme y descartar la posibilidad de cualquier otro episodio. Es difícil pretenderme fuerte cuando aun me duele el pescuezo, me es difícil no llorar ahorcado a mi almohada cuando pregunto porque me ocurre esto a mi, pero de inmediato digo, ¿porque a mi no?. Me telefoneó mamá, antes de decir hola se escuchó, ¿Estas bien? Hablamos de todo un poco, menos de eso. Propuse mudarme y abuela Elisa organizó visitarme para ayudarme, quería supervisar ella misma donde y como viviría. Quiere verme bien, antes de colgar me preguntó por el, me quede en silencio y antes que yo respondiera dijo, les envié una carta, ¿les llegó? - Colgué sin despedirme. Me despegue del teléfono dejándolo caer, corrí hacia el buzón de cartero, entusiasmado revise la correspondencia en busca de la carta hasta encontrarla. Llevaba su perfume, era su letra. Mi querido Ignacio; Espero que lo estés pasando cada día un poco mejor. Yo creo que lo conseguirás como lo estas haciendo hasta ahora, con sacrificio. Ignacio, como siempre cuentas con mi apoyo en tus decisiones de hacer tu vida. Siempre que sea para tu progreso personal. Lo que me haría muy feliz es verte estudiar tal como lo charlamos. Yo te quiero mucho y acepto de tu decisión de vida personal. Solo te repito que te cuides mucho y abrí tus ojos en cada paso que te toque dar. Te mando dos mantas, de las que he tejido yo. Te cuento que tal vez viaje a visitarte, eso, si sigo bien de salud. Para tranquilidad de todos ya esta resulto. Decime que te hace falta y si yo puedo te resuelvo tus problemas. Cuídate mucho y no te olvides que aquí hay una viejita que te extraña mucho y te quiere un montón. Envíale muchos saludos a Luciano. En cuanto pueda te llamo. Un beso grande de tu Abuela Elisa. Una madre sabe cuando un hijo esta en peligro por mas distante que se encuentre de el, es un presentimiento, una señal que la lleva a recordarlo. Me leyó la mente, supo entenderme sin necesidad de emitir palabras delatadoras. Solo el café negro mantenía mis signos vitales en regla, mi adicción por la oscuridad y la pereza acaparaban las 36 horas que tenia mi día. Trabajaba tres de cinco días a la semana. Si llegaba a horario me retiraba antes, y viceversa. Cuando estas depresivo abres la ventana, ves lo bien que se ve afuera y la cierras para no contaminarte porque aunque quisieses no puedes estar bien. Recibía visitas cada tanto atendía a la puerta, cada tanto la escuchaba. Un día sin recordar cual, encendí la cafetera eléctrica como todas las mañanas, mas bien como todos los días sin recordad que hora. Abrí a dos aguas los cristales quitando el cobertor de ellos y deje penetrarme por el sol. La piel cambio de color, circulaba aire cálido, de verano. Los hombres llevaban shorts al cuerpo, se ejercitaban a trotes sobre el césped de la plaza de enfrente. Pude divisar sobre uno de ellos la gota de sudor que resbalaba por su cuello. Enérgicos levantaban sus piernas para no perder el ritmo, se palpaban los abdominales y continuaban sudando. Mis sentidos llevaban binoculares, receptaban hasta la respiración. Me excité e inquieto, llevé mi mano allí abajo. Sin desnudarme acaricié mi pecho hasta erizar mi pezón. Entré en calor como si estuviese allí afuera, con ellos. El mas esbelto se quitó la camiseta y elevó su botella de agua fría hacia la cien, humedeció cada parte de su cabello. Parecía una roca, el agua se hizo cascada, el agua recorría sus recovecos, mojó su short blanco. Me sostuve sobre el cristal empañado de mi ventana, había humedad. Mis manos a pasos agigantados provocaban ganas de querer ir por el. Necesitaba apegarme a su boca para mordisquearla con mis dientes, lo mire secando su espalda contorneada de músculos, me sentí flotando, fantaseé sobre su pelvis. Explayé por completo, caí sin paracaídas y me emocioné al verme resucitado.

04 agosto 2012

El Suelo de Atraversiamo (CAP 22 )

El ring del timbre que escuché sonaba nervioso, tres zumbidos consecutivos de llamada apurada desencadenaron en pensar que cuando vives en un piso alto te sorprendes cuándo llaman a tu puerta antes que a tu portero, entonces me acerque con ese sentimiento al abrir mientras quedaban inconclusas seis copas sobre la mesa junto a un panecillo de anís que acompañaría la cena con mis amigos esa noche. Sin mirar por el cerrojo abrí la puerta y de inmediato me explotó todo un cuerpo sobre el mío. Luciano ingresó brusco, tal como cae bolsa de cemento sobre el hombro de un obrero, violento como viento que cierra ventanas de lata. Lo mire sin poder creerlo, dio dos giros de llave, la quito y la guardo en su bolsillo. Sus manos, frías, mas pequeñas que las mías, me ahorcaron entrecerrando el ingreso de oxigeno. Me vi obligado a permitir estamparme contra la pared, me vi amarillo como ella. Voy a matarte, voy a vengarme, voy a despellejarte, amarte, tocarte, violarte. Voy a hacerte pagar todos los daños, todos los dolores, todos los desamores. Se fruncían los músculos de su rostro al mismo tiempo que se rayaban maxilares y premolares. Acelerado, sin drogas en el cuerpo, sin alcohol, dinamita detonada por la rabia y la ira manejada por el diablo, por algún justiciero de alcantarilla, por algún abogado desempleado, me empujó, me tiró, me zamarreó, me subestimó. Me levante y caí, rendido agobiado por sus golpes. Le miraba para encontrarme dentro de sus ojos, pero él llevaba los ojos para atrás, blancos, ya tú sabes. Formaba parte de la alfombra y olía a sangre mía. Llevaba trece cortes en mis brazos, seis dolores diferentes, nueve marcas de sus dientes, catorce pisotones en mi cara y una herida lógicamente localizable. Mi garganta gritaba hasta quedarse muda, mis ojos eran satélites sedientos de libertad en pleno desierto. Intentaba buscar un hueco para huir como si mi casa fuese una cárcel, la cocina una celda y el piso el banquillo de algún juicio. Mi juez era él y mi único testigo era Dios. La ventana estaba abierta, corrí desesperado para llegar a mi meta de atleta como si kilómetros me separaran de ella, llegué y grité tan fuerte como pude, sentía como se desgarraban mis cuerdas vocales, sentí vértigo cuando me percate que él estaba otra vez sobre mí. Ya me tenía amarrado desde el cuello. ¿Quieres saltar?, ¿Quieres saber a que huele el piso de allí abajo? Estoy aquí porque Te Amo, porque me perteneces solamente a mí, dijo sin vergüenza. Yo no lograba hilar ni una palabra con éxito, él me pedía que dijese algo, que respondiese a sus preguntas. Estaba atrapado, no me dejaba salir, sólo buscaba que lo perdone, que lo ame. Buscaba hacerme sentir todo el dolor que él llevaba en su pecho desde que terminamos nuestra relación infernal. Esto ya había pasado antes cuando vivíamos juntos pero en menor intensidad, claro. Todo empieza con algún agravio verbal o alguna verdad perforadora de corazón. Entonces cuando logras equilibrar la conversación y una de las partes entendió que se equivocó, que dormir con tres hombres después de una fiesta, que llevar la imagen de alguno de ellos en tu celular no es correcto ni aceptable cuando llevas tanto tiempo en familia. Si no me quieres pues dímelo así puedes dormir con cuantos tú quieras y así llevar sin culpa la lista de promiscuidad en tu espalda. Si no me quieres de verdad como dices cada vez que te arrodillas para pedirme perdón después que descubrí alguna mentirilla mas, dímelo así puedes filmar tu decima película porno mientras lo haces con él en mi cama. Fui oportunista un segundo en su descuido mientras encendía su hierba. Me encerré en el baño. Estaba desarmado, en estado de pánico. Recuerdo haber quitado los espejos porque no quería verme. Cayeron al suelo convirtiéndose en partículas de brillo sobre la ducha. Abrí el grifo y con agua fría circulando entre mis recovecos me adueñe de una esquina dentro de la bañera. El desagüe se llevaba en remolinos mi sangre escamada. El tinte rojo circulaba sobre el agua acumulada alrededor mío. Hacia frío y recordaba el calor que sentía cuando dormía a su lado. Era reconfortable aliviar mi tembleque sólo con la mente. Por momentos oía caer los cajones de mi armario. Algo, él en la sala buscaba. El agua seguía corriendo, mis dedos estaban arrugados, señal que ya llevaba bastante tiempo en el agua. El encargado se seguridad llamó a la puerta, Luciano dijo: – no hables, ni grites porque voy a tener otro motivo más para matarte. Llevé las manos hacia mi boca para no emitir ningún sonido. Abrió la puerta, el guardia pregunto por mí: – ¿Está Ignacio? Lo buscan en la sala de ingreso, agregó. -Ignacio no está, salió y no volverá hasta más tarde, respondió. Me desmaye. Revoloteaban las cortinas de la habitación, rodaban en el suelo las copas entre sí. Veía luz de sol por la ranura de la puerta. Había amanecido y no se oía ruido alguno que me lleve a pensar que Luciano estaba aun allí. Salí del baño con miedo, miré hacia ambos lados. Me sentía veterano de guerra, dentro todo era un caos. Las paredes estaban escritas. “Sé que he obrado mal, sé que he perdido a un gran Hombre, por todo eso me voy”. Me paré sobre un costado, todo giraba. Se me presentaban pantallazos de lo que había sucedido. Adolorido, llorando arrepentido y con culpa rezaba en voz baja para que Dios me salve. El dolor más grande es el que viene de la rama del Amor. Me dolía el Amor porque no comprendía por qué tenía que pasar yo por esto. Yo me separe amando viralmente. Me separé porque los celos sin motivo de él hacia mí nos volvían distantes, toscos. Sólo nos encontrábamos cuando hacíamos el amor. La persecución más grande en su mente era la sobreprotección, él no quería que yo le hiciese lo mismo que él me hacía. Yo jamás, si le amaba. Llegué a concluir que quizás se me estaba castigando por haber abandonado a mi familia, a mis hermanos aquella vez que me fui de casa para amar con paz. Reciclé el resumen y me dediqué a comunicarme con mis amigos. Deberían de estar preocupados. Noté que se había llevado mi teléfono celular entre otras cosas de valor. Me senté en las sillas de todas las casas, mis amigos lloraban conmigo. Tenía marcas por todos lados. Debía hacer la denuncia, esta vez no podía pasar como si nada. Junté todas las veces que me había hecho algo parecido durante los cinco años de relación y me dirigí hacia el cuartel de Familia. Hablé serio, dije la verdad. Estuve cómodo, no sentí vergüenza. Vengo a denunciar a mi ex pareja, se llama Luciano. Les observé los rostros, ningún policía hizo gesto de burla. Di por noticia que no era el único que pasaba por esto. Cientos de casos por día se presentan, me sentí aliviado. ¿Quieres que apliquemos Ley sobre él? ¿Quieres que no pueda acercarse a ti dentro de los cien metros a la redonda? – Quiero vivir en paz, no quiero morir, dije. Caminé de regreso a casa, limpio, decidido a enfrentar todo lo que vendría. De a ratos lo imaginaba preso, en el suelo de alguna celda. Me dolía el pensamiento. Mis diamantes no son de plástico, mi oscuridad tiene luz y mi vida no esta devaluada. Saldré de esto como he salido tantas veces, encendí un cigarro y cruce todos los semáforos en verde.

19 junio 2012

Lungs (Cap 21)

Una lamparilla, luz tenue, luz que de a ratos se vence. Un teléfono desconectado, cables color carmesí entre mis piernas, llamadas en espera, postales y cuentas vencidas. Amígdalas inflamadas, fiebre alta como las nubes de cuentos, susurros verdes como manzanas, escalofríos de historias con hechizos, peso en descenso, nidos de aves, huevos de cocodrilos. Luz que amenazaba hasta que se apagó, agua desde el techo, goteras desde mis ojos, jaquecas en las puertas, aceite de cabellera. Silencio de montañas, viento de barrilete, dolor de esguince, inflamación de cobarde, infección de mala praxis. Soledad sobre mis muebles, costados cubiertos por medio cojín, espacios sucios, polvo de aserrín, larvas que arrasan, moscas en mi nariz. Doce golpes sobre mi puerta hasta que se me recoge por la fuerza. Ocho días después desperté sobre la cama de mi habitación, Paulina tomaba de mi mano, boquiabierta y un tanto emocionada, - Al fin despertaste, estaba preocupada, no me atendías las llamadas y vine a buscarte. ¿Que paso? - Luciano se fue, recuerdo que después de que se marchara el coche cerré las ventanas de la habitación mientras se esfumaba el humo negro sobre la calle de aquel Chevrolet. Caí rendido sin poder diferenciar si aquello que sentía era felicidad o tristeza. - ¿Estuviste todo este tiempo encerrado verdad? - Si. Valla duelo, dije apenas me repuse. Sin desviar mi atención sobre lo que había pasado me decidí a olvidar todo para empezar a reponer fuerzas. ¿De donde sacaría tal cosa yo si había perdido todo?, ¿Cómo se sigue?, no lo se, aprenderé. Cuando nos separamos debemos reconstruir todo ese muro que se derrumbo mientras estábamos comprometidos con el amor. Los amigos, la familia, el trabajo. Cada uno de ellos según su orden de prioridad, según nuestra necesidad. Debo reconocer que lo que mas me costó fue recuperar a mis amigos, algunos estaban y otros no. Algunos portales no se me abrieron nunca mas, algunas cerraduras dejaron ver quien tocaba la puerta y enseguida velozmente se me abrazo con calidez. Me he permitido emocionarme todos los días, he perdido poco a poco la vergüenza que tenia por lo que había pasado, esa vergüenza de abuso de poder, es una vergüenza diferente, soberbia de personalidad arrogante. Cada vez que se me preguntaba por Luciano, enfrentaba mis labios con mi boca para que dijesen la verdad. Note con disimulo que ahora mas de la mitad de mi entorno opinaba que él nunca fue para mi, palabras como, Yo sabia que algo pasaba entre ustedes, siempre dije hay algo que no me cierra de él y nunca me agradó se subrayaban entre otros adjetivos. Puse cara de aceptación y me retire sumiso. Recompuse en todo este tiempo la relación con mis padres, nos telefoneábamos mas seguido y Elisa me enviaba cartas con recortes de las rosas de su jardín. Transcurrieron treinta y tres días, hasta que tocó mi timbre.

15 abril 2012

Besos y Porros (Cap. 20)

Cuando uno está convencido que el amor es real, cuando está viviendo con plenitud y sin vergüenza se aferra al otro diciéndole todo el tiempo que lo ama, cuando uno se acostumbra a la piel de cordero no le da igual abrigarse con una de lobo. Cuando se vive todo eso se está viviendo de verdad. Y cuando no es así,¿como se vive?, De mentiras. Con Luciano las cosas en cuestión de convivencia va de a ratos bien y de a mucho mal. Aquí no juega ninguna ficha el cariño que os rodea, aquí juega de qué modo nos vemos todos los días, a toda hora, en la misma cama, sobre la misma mesa, en la misma sala, con la misma intensidad de la bombilla de luz. El, acostumbrado a vivir de noche, yo a dormir a las 22 horas. A veces, siento que esto es un partido de futbol, yo soy los diez jugadores y el solo interpreta al árbitro. Debes hacer las cosas de este modo, la comida tiene mucha sal, no me gusta la música que escuchas, el baño esta mojado, odio a tu madre, quien te ha llamado, porque llegas a esta hora, no me gustan tus amigos, no estudies, no gastes más de la cuenta, no salgas, vive para mí que yo vivo para ti. El amor era ciego, me había acostumbrado a vivir de una forma ilegitima, de un modo que me encerraba en cuatro paredes. Estoy lejos de casa, lejos de las estrellas también. Quiero hacer el amor y hoy está lloviendo, quiero decirle que lo amo aunque estemos distanciados. La primera vez que me levantó la voz hasta hacerme llorar fue cuando noté que él era tan mío como yo tan de él. Todo era válido. Cuando ambos nos pertenecemos no permitimos que terceros interfieran, no abrimos las ventanas por miedo a que entren mariposas negras. Siempre y cada segundo de todos los años a su lado le he sido fiel hasta en los sueños. El único nombre que pronunciaba era el suyo, la única sonrisa que me hacia reír era la de él, el único perfume que me trae su rostro a mi mente era el suyo. Aquel primer grito se fue transformando en varios gritos profundos de palabras violentas, sangrientas. Me amoldé como pude, le conté cuentos de príncipes como los recordaba, le bese el pescuezo todas las mañanas antes de ir a trabajar. Siempre traía dos, dos chocolates, dos osos, jamás ha faltado su obsequio. Yo caminaba sobre la calle de tiendas y pensaba que le podía regalar hoy. Vivía por el amor que le tenia. El amor era como vivir en invierno, cae nieve a toda hora, me va tapando, no puedes salir. ¿No es suficiente todo lo que hago por ti?, le pregunte cuando descubrí que me había sido infiel. Todos los e-mails impresos sobre la mesa, que es lo que ha pasado para que dejes mi corazón sobre la boca del lobo, le grite. Tomé las hojas y las pegue una tras otra sobre la pared del cuarto. Las leí hasta aprenderlas de memoria. Me atravesaba fuego por la boca hasta reconocer que no podía dejarlo ir. Lo amaba. ¿Hasta cuanto uno puede aguantar por amor? Lo he perdonado 12 veces, buscando yo mi error constante. Obstruido por los pensamientos, golpeándome la cara, cavando hondo sobre mi pecho, observando mis actitudes. Al final de cada día todo era igual. El equilibrio que daba luz a la balanza entre nosotros tenía roto uno de sus ejes, entonces había una esquina de ella que pesaba más que la otra. Qué haremos con nuestro hogar ahora, le pregunte. Lloraba velozmente, apasionado a su calidez de hombre. Le tomé del brazo hasta que me dijese porque ya no me amaba. Mira a tu alrededor, esta casa está construida con nuestro esfuerzo, hay que desarmar la cama, no puedo perdonarte esta vez. Nos trenzamos entre nuestros puños, quedé destruido en el piso, me pateo la cabeza cuantas veces pudo dar golpes su pierna derecha. ¿Quieres matarme?, le dije. - Luciano, quiero matarte. Eres mío, me pertenece cada parte de tu cuerpo. No voy a dejarte ir. - Ignacio, como puedes decir que me amas y meter en nuestra cama a otro hombre. Como dices con tanta seguridad que no me dejaras ir cuando ya me he ido. Separados definitivamente, el en nuestra cama, yo mirándolo desde el cojín tirado en el suelo. Dos cajas con cuentos de príncipes embaladas listas para irse. ¿Y si aceptamos que nos llevamos mal y decidimos vivir infelices para toda la vida, solo porque estamos acostumbrados a vivir juntos?, me dormí tomándole la mano desde abajo. Casi sesenta días llevábamos sin hablarnos, tiempo justo para saber y entender que todo había terminado. Sabía que aquella otra persona que hoy le hacía bien, mejor que yo, lo buscaba después de sus clases de francés. Tomé coraje y fui detrás de el, quería conocer a quien había quitado todo eso que me pertenecía. Allí estaban, Luciano le sonreía tan perfecto. Di media vuelta y sin poder sostener los pies me deje caer sobre un banco. En cuanto pude me levante, consciente de la realidad. Aquella noche hablamos sobre que era hora que cada uno tome su rumbo, ya no podíamos vivir juntos. - Luciano, yo no puedo irme, no tengo a donde ir. - Ignacio, yo no puedo acarrear con dos alquileres, tampoco puedo irme. Decidió vivir con su amiga, preparó cada prenda, cada cosa que le pertenecía. Antes de la despedida, llegue temprano a casa para ayudarle, al entrar me dijo. ¿Podes esperar afuera?, estoy con mi novio. El vino para ayudarme. Casi desnudo en mi cama, estaba. Quise entrar para mirarlo, quería saber sobre que costado lo hacían. Quería estar ahí para preguntarle si sabia quien era yo, se me caía el corazón hacia el estomago. Me puse azul, aun lo recuerdo. Luciano me sostuvo llevándome hacia la puerta. Esperé fumando cigarrillos hasta que salieran. Me sentía sucio, me dolía verle llevarse la mesa donde comíamos, me partía ver como acarreaba la cama donde hicimos el amor durante mil noches. Se encendió el motor del coche, se fue.

20 marzo 2012

La Carta (Cap. 19)

Madre estoy embarazado de una situación que lo único que hace es confundirme. Estoy nervioso y preocupado porque no he pagado las cuentas del cerebro este mes también, y este sería el sexto atraso en lo que va del año. No consigo dormir cinco horas diarias, ya sea durante el día o la noche. He olvidado el cumpleaños de papá otra vez, veras es la segunda vez que me pasa. Creo saber por momentos cual es el motivo de mi confusión, y de repente lo olvido también. Ahora mis amigos ya no me llaman como antes, no me buscan porque he perdido mi casa. Se que algunos están de viaje y no volverán. Cuando salgo de noche media docena de rostros me toman de la mejilla para saludarme y pues yo pongo la otra mitad para equilibrar. Siempre debo estar con las costillas en los hombros, sonriente, perfecto, anonadado por cada vez que otra media docena de besos me toman la mitad de mi mejilla. Siento que cada noche es mi cumpleaños, madre feliz cumpleaños por cierto. Mi situación corporal hoy es complicada, no quiero preocuparte, me siento solo pero acompañado, me mezquino partes y luego me dan ganas de entregarme todo. Nadie más que yo sabe cuán especial soy, no puedo decirlo hasta que no lo hayas notado. Ya he dejado de buscar porque no encuentro, me vivo los días como si fuesen los últimos, intento reubicarme entre el montón, intento. Recorro los días a destiempo, cuando yo quiero, él no quiere, y cuando él quiere yo no puedo. No hablo de amor, hablo de lo que hace Dios conmigo. He sido golpeado con sus puños y besado con su boca de palabras sin diccionarios, no es que pose en victima mi figura, pues me está yendo mal y así voy quedando. Me llegan sus cartas, algún día responderé todas, algún día. Pero ha de perdonarme ud madre, que algún día es mi segundo nombre, aquí le va la primera. Yo quiero disfrutar de la piel cálida, de los derechos igualitarios, quiero llevar a mi hijo a la escuela, volar de ansiedad junto a su padre el día de su cumpleaños, tomar la primer fotografía a color, besarnos familiarmente los tres, pero no puedo embarazarme esta vez porque sabrá que querer es una cosa, poder es otra y soñar no cuesta nada. Si me lo habrá dicho tantas veces Elisa. Pensaran de mi qué cosa allá, digo siempre, no me interesa, me defiendo. Madre, ¿será que el recuerdo se olvida con otro recuerdo, que los besos nos hacen no olvidar jamás ese recuerdo? La despedida es la situación en donde una vez nosotros dos lloramos y quizás yo un poco más que ud, es ese recuerdo que me desarma en el piso y hace que mi voz se eleve entonando canciones de nuestras vacaciones. Cuando vuelva a ser yo, quiero que sea en otro cuerpo, con otras energías, así como le volvió papá en el cuerpo de otro. Reconozco que no soy perfecto, reconozco que aun me extraño sentado en la mesa los domingos, reconozco que soy una hormiga caminera que los ha dejado una vez y hoy por culpa de ello está en el desierto siendo enterrado por el viento que me va tapando poco a poco y que a veces cambia su dirección para quitarme de encima los minúsculos granos de arena, porque él sabe que me ahogo si no circula aire por mi espalda. Madre, me he propuesto cambiar. Cuide a mi perro, tengo que salir, pronto volveré a ser yo.

27 febrero 2012

La Mania (Cap. 18)

Aceptar tener una manía puede convertirse en un problema viral luego de asumir tal estado. Podemos hablar de manía como una enfermedad de grado, un estado irreversible, un acto inconsciente y hasta encontrarnos en el dilema de poder diferenciar entre la inseguridad y la manía. Ser inseguros es mucho mas complejo de lo que creemos y nos puede llevar cientos de líneas estudiar los motivos psicotraumaticos de un individuo inseguro. Suele confundirse y alinearse paralelamente con la manía, quizás esta sea una rama del árbol actitudinal, pero, son pocos los parámetros establecidos para decir que ambas son lo mismo. Algo cierto es, que luego de un estudio personal he descubierto que la inseguridad es la consecuencia de la manía. Es muy común remontarnos y detenernos en alguna escena para estudiarla, esto lo llamo autoevaluación, ejemplo claro de una personalidad insegura que la lleva a convertirse en maniática. Hay diferentes tipos, algunas actitudes son perjudiciales y otras, las mas sencillas, inofensivas. ¿Cuando sabemos realmente que es lo que nos beneficia y cuando no tanto?. Este planteo es sumamente importante, debemos aprender a ser capaces de diferenciar de inmediato estas dos opciones para revertirlas según sea positivo o negativo. Cuando nos encontremos varados ante la duda, es necesario detenernos un instante para analizar. Generalmente siempre un individuo cercano nos anoticia que somos de tal forma, nos ejemplifican la situación y es allí donde nos vemos enredados sobre esta hierba hereditaria. Verificar que he cerrado correctamente la puerta antes de salir de casa, empujando la puerta y jalando del picaporte dos veces rutinariamente es síntoma de una persona insegura, contrario es cerrar la llave central de gas antes de ir a dormir todos los días, acción que te convierte en maniático. Este es un claro ejemplo que una cosa te ha convertido en otra. En mi autoevaluación hoy he aceptado sin que nadie mas que yo lo note, que soy maniático a la soledad. No puedo dejar de estar solo. Es decir que, me encuentro en la búsqueda constante del amor y la felicidad. Esta búsqueda no es una necesidad, es una actitud que he adoptado porque he vivido mucho tiempo solo, sin sentir amor. Esto me lleva a tener una constante, me lleva a dedicarme maniáticamente a la búsqueda del amor. Nos podemos preguntar si se pierde la actitud una vez que, en este caso, yo me haya casado por ejemplo. Quizás la pierda, de no ser así jamás podre casarme y ser feliz. Antes mencionaba que esto puede ser beneficioso o perjudicial. Solo es cuestión de apuntar en nuestra agenda los pros y los contras. No moriré por ingesta de monóxido de carbono, pero quizás me quede soltero por el resto de mi vida. Nadie podrá ingresar a mi casa porque estoy seguro de haber dejado la puerta cerrada con llave. La habré cerrado bien, me pregunto. Me conmueve decir que somos participes de nuestro destino, algo tan mínimo nos puede dar o quitar algo tan grande. Esta en nosotros aceptar nuestra enfermedad y en lo posible intentar cambiarla, superarla y en el mejor de los casos exterminarla por completo. Evitemos que quede un vacio, un sector en nosotros sin eso que antes hacíamos o teníamos. No hace falta cerrar la llave de gas porque el especialista verifico que no hay pérdidas. Comprobé que si la llave gira dos veces la puerta esta completamente cerrada y he dejado de buscar amor porque la vida me regalo la compañía de un hombre grandioso, con el me siento feliz y hace un mes que estamos casados.

11 marzo 2011

Smoke Without Fire (Cap 17) "El Sueño"

Voy a contar la verdad de mi vida, voy a revelar la verdadera causa de este dolor, de este amor sin cuerdas, de este amor de guitarras.
Ese hombre no es mío, no me pertenece, lo se. Ese hombre no volverá a tocarme, lo juro, lo juro mientras corto mis venas, mientras tomo sin parar pastillas azules.
No estoy drogado sustancialmente, solo un poco quizas.
Juntos hemos pasado gran parte de esta vida fastidiosa, hemos llorado pecho a pecho algunas noches, hemos pasado hambre sin sentir vergüenza, hemos acarreado la carreta en nuestro propio casamiento.
Lo he visto crecer, lo he visto comer, bañar, lo he visto despojado todas las mañanas. Hemos mencionado para siempre muchas veces hasta que nos separamos, hasta que nos separamos.
Estoy derrochando sangre pura por toda la sala, voy y vengo, subo y bajo las escaleras alfombradas de lágrimas, arrastro en mi puño recuerdos de cuando yo era feliz, de cuando yo engañe a mi madre para volverte a ver. No necesito ayuda, así muriéndome estoy bien.
No quiero volver atrás los años, quiero despedirme plenamente amándote sin importar cuanta desgracia hayas traído a mi vida, sin importar que fui el único hombre que ha seguido tus pasos en todos los momentos de tu vida en este país, soy el único que después de tus abofeteadas he vuelto a verte y a decirte cuanto te amaba sin rencor, con la verdad, con la ilusión de no seguir facturando facturas vencidas.
Vi como caminabas tomado de otras manos, vi tus noches en la cama, te perseguí caminos enteros, fui, volví, y aquí estoy tirado sobre el lomo de mi caballo blanco que tengo en la sala, se tiñe de rojo, le faltan las patas.
Amor mio cuando has de volver de tu viaje ?
Amor mio cuando volverás a enviarme flores ?
Amor mio cuando viajaremos al norte de nuevo ?
Amor mio cuando recuperaremos lo perdido ?

Yo estoy tan solo, perdido en el absurdo de un amor amargo lejos de tu mundo, solo.
lloro si te sueño , tiemblo al ver tu cara, yo soy de mi dueño perra enamorada y solo .
por amor yo soy capaz de arrollidarme de pedir perdón, de dar la vida pero,
¿quién me curará?
¿quién lamerá mi piel? ¿quién? si me quedo solo, te necesito ya.
me abriré las venas, se cerrará la tarde al ver tu corazón de yeso regado con mi sangre
y abierto para darte así, sí, mi carne.
por amor yo soy capaz de arrollidarme, de pedir perdón de dar la vida
pero ¿quién me curará?
¿quién lamerá mi piel?
¿quién? si me dejas solo, te necesito ya.

Estas buscando algo en otro hombre, algo que no se que es, pero que yo tengo. Me abriré las venas hasta morir, hasta que vengas junto a tu esposo a mi funeral, me quedare solo en el infierno junto a dios por pecar, solo.
Amor, desde arriba voy a rociar con agua cada mañana tus jazmines, después por las noches bajare para hacer dormir a tus niños.
Se me caen las lágrimas.
El te da todo lo que necesitas verdad? te lleva de paseo en su hermosa nave, el te quiere, el te ama.
Cuando vivía en la tierra sin tu amor, vivía por vivir, amenazado con la ilusión de ser feliz con aquellos besos a escondidas del resto, cuantas noches has pasado sobre mi cama antes de ir a tu casa con el, cuantas veces has dicho que me amabas, valla recuerdos.
Hay una parte de la historia que no he sabido olvidar, pues el dolor es intenso en mi cuerpo, las heridas del corte en mis venas esta abierto, seco.
Si volviese, me reconocerías? voy a cerrar mis ojos sin llorar, acércate solo por este segundo y abrázame antes que tenga que partir nuevamente, inténtalo recordando lo bueno que éramos amándonos en el dos mil.
Amor mío, voy a olvidarte esta noche, voy a despertarme de este sueño para acabar con mi vida de verdad.

Prefiero rosas blancas, te amo.

06 enero 2011

Melodrama (Cap 16)

Las Metrópolis son como un planeta, existen ocho actualmente, ya que según estudios recientes de la NASA afirman que Plutón ya no es un planeta del sistema solar.
Busca tu Metrópolis en Júpiter también. Suma planetas a tu propia galaxia, si no eres feliz en tu tierra puedes vivir en la Luna, es decir que cada planeta es una posibilidad más de ser feliz.
Llámese planeta a Londres, Bs As, La isla del tesoro, La India, El primer piso del edifico más alto del mundo. Llámese según su imaginación.
Estoy cansado de vestir delantal blanco de maestra en casa, desde preparar el almuerzo sin sal para Martin hasta controlar que mi reloj de mano este cuerdo para no retrasar el horario de regreso a casa después del instituto. Soy pésimo para estudiar, soy abstracto, básico, orador de muchas palabras con poca lectura. En segundo año de la escuela secundaria, abotinado al futbol obligatorio del profesor, amedrantado por los más grandes, torturado por los insultos y los malos tratos en casa perdí el año escolar por segunda vez. Recuerdo terminar el último examen de matemáticas junto a la agobiante espera del resultado a un costado de la sala. Menos cuatro para Ignacio dijo en voz alta el Licenciado de Números. Salí adolorido pensando que le diría a Martin. Valla golpes los que daría sobre mi cara hasta que su ira sangre junto a mi sangre de herida.
Sin apoyo de nadie tomé un bolígrafo y falsifique mi libreta de calificaciones, el informe final, el libro matriz de la dirección y decidido dije que había tenido un excelente año, pedí con esos documentos el traslado a otro establecimiento en donde poco tiempo después, casi a mitad de año se descubrió que todos los documentos estaban adulterados e inmediatamente fui expulsado bajo silencio de los directivos.
Que se valla de casa dijo mamá, no quiero que enferme a sus hermanos estando a su lado y dando tal ejemplo. Mamá llorando desconsoladamente, preparaba mis harapos para lanzarme a la calle, mis hermanos suplicaban que no me valla, el perro lamia mis lagrimas de vergüenza de sobre el piso. Medirás tus palabras me dije por dentro, mi madre era chispa que provocaba incendio en cualquier sitio, dieciocho años de diferencia la hacían parecer mi hermana mayor. Recorrí la vida en pensamientos escénicos desde niño hasta el presente, mi mente revuelta, que en sus vueltas citó palabras de su boca cuando estaba muy enfadada conmigo. No se para que te he parido, inservible, mal nacido, raro, mentiroso, homosexual, quiero verte muerto.
Primero apareces sin ser buscado de una noche de goce contra la pared de un hotel de ruta, llegas al mundo por miedo a ser abortado, asesinado por tu madre creadora de tu vida. Se te quiere como se sabe por ser el primero, luego podrás o no crecer en tu propia familia con padre y madre, tienes hermanos para que no estés solo, vas a la escuela y adquieres responsabilidades a corta edad. Cada error es un golpe, cada llanto es una pregunta, quieres salir corriendo. Los padres medirán sus palabras y tragaran su bronca antes de violentarse contra su propia creación, aprendí algunas cosas y entre las que no aprendí, ser amado por tu padre.
Te vas amistando con los glaciares, te ves escarcha, frio, frígido e indoloro.
De grande eres esos adolescentes que lo miran raro, que no habla, que no se integra, que no juega, que es diferente al resto de sus compañeros, que siendo hombre solo encuentra amistad con las mujeres. Debí confesar en mis diálogos con la psicóloga que pos cierto detesto, que hasta los dieciséis años mojaba mi cama mientras dormía. Noche a noche sonrojado soplaba sobre mis sabanas para que se secasen esperando un milagro justo antes que Martin note aquello.
Me veo en la cocina cortando fino un kilogramo de cebollas para mezclarlas con el resto de la comida y entre su inconfundible aroma asistiendo con él a clases por la noche en un instituto nocturno para adultos. Allí cursé mis últimos años de la escuela secundaria después que papá me trasladara como cerdo en su camioneta Ford, castigando mi vida, ya de castigo.
Tenía siete minutos a reloj cuerdo para llegar a casa después de clases y allí estaba esperándome solo para preguntarme porque he llegado tarde, con quien he estado, bajo que argumento y con qué autorización.
Luciano era mi sostén, mi punto de apoyo en esos minutos cuando podía estar con él.
El sábado por la tarde nos reuniremos en la plaza decía el recado en mi contestador.
Ignacio debemos hablar, mi padre va a enviarme a la universidad en el exterior y en un par de días tendré fecha de vuelo.
Mire sus ojos mientras me conversaba, le abrasé pidiendo que no me dejara sin darme cuenta que estábamos frente a quienes pasaban por la vereda polvo de ladrillo.
Haz de cuenta que la cámara filma haciendo foco en nuestras caras, todo lo demás se ha detenido.
El vuelo del papel caramelo que se hallaba en el suelo, el agua que ya casi llegaba a los crisantemos que bordeaban la palmera.
¿Y si vienes conmigo?, empezó a andar todo de nuevo, Suspiré.
Tendré que huir, le pregunté – claro que no exactamente respondió.
Paré el primer taxi que vi y fui directo a casa. Estaba decidido.
Hablé con Martin, le dije que había estado reunido con Renné, amigo de la familia, dueño de una agencia de viajes y turismo en donde había trabajado esporádicamente a principio de año la cual te da la posibilidad de viajar como guía a destinos provinciales a fin de año. Me quedaba pendiente aquel viaje ya que en su oportunidad Martin no me autorizo acompañar durante el periodo de verano a los estudiantes egresados.
- Vale papá que la paga es buena y es dentro del país, tendré alojamiento, comida y además vacacionas en los mejores hoteles.
Mi madre dijo, No, de inmediato, pero quien cerraba o cancelaba el trato era Martin. Al no ver reacción negativa por parte de mi padre, empecé a diseñar todo. Le llamé a Luciano desde mi habitación. – mi amor, me voy contigo.
Las decisiones se toman sin importar como, sin importar lo que se necesita para llegar a buen puerto. Existe un momento en la vida en donde debes proponerte objetivos claros, proponte objetivos altos, un poco más altos a los que tú sabes llegar.
Mientras mamá trabajaba me instalé toda una mañana en su habitación y recogí cada uno de mis documentos. Tomé algunas fotografías del álbum y guarde todo rápidamente entre mi equipaje.
Al día siguiente fui hasta las tiendas de compra venta y vendí a precio regalo todo aquello que tenia, necesitaba dinero para comprar el boleto de viaje, para la estadía, para alimentarme.
Nunca imaginé actuar así por amor, por mi, por el. Trabaje durante días una mentira para alcanzar mi objetivo.
Luciano viajó a Buraquest, llegó en la mañana junto a su hermano mayor quien se encargó del alojamiento y la tutoría en la universidad.
Nos telefoneábamos todos los días, como era aquel lugar, como estaba todo por allá preguntaba cada vez que le oía. Ya se percibía la desaparición en mi casa, se olía a me verán extrañar. Veía a mi padre gritándole a la pared, porque estás sucia le diría, yo no estaba.
Me sentía un caballero dorado, un dios lleno de fuerzas y poderes, lo que tocaba lo volvía realidad, lo que lloraba se mezclaba con el agua fría de la ducha para que no oyesen mi angustia furtiva.
Te estás yendo de casa me decía cada noche, estas abandonando a tu familia resonaba dentro de la caja de madera cuando le confesé al párroco de catequesis en quien hallaba paz sin necesidad de estar dentro del templo de la mentira.
- Papá tengo fecha de viaje para dentro de tres días, volveré después de la temporada de verano. – vale Ignacio, déjame la dirección del hotel y los números telefónicos para llamarte luego. – está bien, claro, lo haré.
Antes de partir para la estación de trenes quite de mi equipaje por un momento una caja pequeña fabricada por mí que dentro llevaba un sin fin de recuerdos, cartas de Elisa, de Sebastián, de Luciano entre otras. Las aparté donde mamá no la viese ya que estaba empecinada con revisar las valijas para que no olvidase nada.
Llegó el día, estaba cálido, yo sabía que no volvería jamás, yo temía mi destino.
- Iremos a despedirte a la estación con tu hermana dijo mi madre. – no os molestéis, respondí algo incomodo. (Insistieron).
La estación estaba desolada, mamá buscaba al grupo de chicos con los cuales yo viajaba, buscaba a la multitud eufórica, buscaba al conductor, a Renné también.
- ¿Dónde está tu grupo Ignacio? Dijo admirada.
Se entrecortaba mi respiración, me mantuve mudo, violacio. Ella daba medios giros por el predio buscando gente, miraba mi rostro y giraba de nuevo, caían lágrimas de madre. Recogía su cabello rubio tomándose de la sien, Victoria le abrazo a mitad de su cadera como sosteniéndola para que no quebrase. Desde la esquina vi llegar a mi abuela Elisa, triste, cabizbaja. Traía entre sus manos una caja mediana con alimentos que ella había comprado para que me llevase. Me miro llorosa, se me estremece el cuerpo mientras os cuento. Me miro llorosa con sus ojos marrones fuertes, rompimos en un profundo beso hasta que nos desprendimos diciéndome, - Ve que tu madre quiere detenerte. Anda hijo mío, te irá de maravillas. Llámame –
Escuche el chillido de partida justo después de sentarme en mi butaca, las tres mujeres se abrazaban entre sí. Les saludé medio roto detrás del cristal mientras se alejaba el tren.
No recuerdo si lo que sentía en ese momento era tristeza o felicidad. Había conseguido mi libertad, había valientemente huido de casa. Había algo mucho más importante en mis objetivos que olvidarme de lo malo, estaba a unas horas de ver en persona al amor, al ángel que custodiaba mi alma noche a noche con sus besos.
En la estación nunca estuvieron los estudiantes, nunca estuvo Renné. Nunca hable con él para viajar a ningún sitio, luego nunca estaría en un hotel, nunca porque todo era una mentira.
Madre, se que hoy has de enterarte de esto, perdóname. No llores, estaré bien.

30 diciembre 2010

Antes y Durante (Cap 15)

Diciembre, veinte y seis del año dos mil cuatro. Las calles huelen a pirotecnia, las salas de urgencias repletas de niños esperando tristes ser atendidos. La plaza central rodeada de perros callejeros buscando en los residuos restos de festejos. Las tiendas con sus persianas metálicas bajas. Un feriado navideño día después y no entiendo porque. Llegué en taxi, José Manuel me esperaba sentado en la vereda del pasaje central.
- Ayudadme hermano con los equipajes. (Puse cara de amigo)
- Qué bueno tenerte en casa Ignacio, te extrañamos mucho.
Dije que volvería, pues aquí me ves. Os manda unos regalitos la abuela Elisa.
Todo, poco a poco volvía a la normalidad en casa. Mamá preparó un plato delicioso, de esos que solo ellas saben hacer con tanto amor y dedicación.
Se acercaba el año nuevo y Martin nos daba la libertad de recibir el nuevo número con quien queramos, en familia claro. Mis hermanas van a casa de mis primas más pequeñas, papá y mamá con sus hermanos. Falta decidir qué haría yo. Conozco de gente que le da lo mismo que vista, con quien este esa noche o que ponga en su plato. Otros organizan grandes reuniones gastando exuberante cantidades de dinero. Así funciona el negocio más importante a nivel mundial. Diciembre es el mes en donde gastamos más dinero en cosas innecesarias. Pues Elisa compró para cada uno de los familiares una prenda interior color rosa.
Tienes que usarla en Noche Buena que trae suerte dijo entusiasmada. Valla cuento millonario.
Todo mentira, la suerte la atrae uno mismo según la fe.
Erase una vez, un empresario con seis tiendas de calcetines en EE.UU, quien ya había vendido años atrás otras dos tiendas porque no le era rentable. Desde su mostrador observaba como se llenaban los bolsillos las tiendas de ropa, los supermercados, las pescaderías y las fabricas de juguetes. Algo debía hacer, entonces con el dinero de la venta de aquellos dos locales invirtió en graficas y pancartas y mandó a colgarlas en toda la ciudad.
“En Navidad, si Papá Noel le obsequia calcetines color rosa usted tendrá mucha suerte”. Decía.
Al año siguiente su negocio fue uno de los más rentables en el país, recupero aquello que había vendido y expandió su idea.
Todos quedaron atónitos mientras terminaba de entregarles los obsequios de Elisa.
- Ignacio, no le inventes cuentillos a tus hermanos, que trae suerte, la trae. (retirándose de la sala).
- (hacia ellos) – vale, cada uno es libre de creer lo que le dé la gana.
Estaba enojado conmigo mismo e intentaba acabar con las mentiras que nos vuelven comerciales en el periodo en donde debemos estar unidos sin importar lo que vistas. No creo en Navidad, eso no me convierte en ateo.
¿Qué festejamos en Navidad?
El nacimiento del hijo de Dios, dijo el padre en la misa de acción de gracias cuando tenía nueve años, que después en la bendición me rozo con su pene.
Sucede que mi dios no es el mismo que el de vosotros, por ende habría centenares de festejos diferentes con bases desiguales, hijos de valla a saber uno de cuantos dioses.
Tomo como referente a mi propia memoria, sabréis más adelante porque no creo de quien hablo.
Si tienes manos pues defiéndete, si tienes pies pues sal corriendo, si tienes boca pues habla, si tienes cerebro pues elige lo que quieres para TU vida. Si no tienes aquello cree en ti que aun siendo diferente vives por tus fuerzas.
Todo podría ser una buena idea, concentro mis energías y me recargo de las que circulan en Noche Buena dentro de la botella de champagne.
Descubrí que lo bueno es estar unidos, creo en el amor que rompe las reglas tradicionales, me gusta disfrutar y disfruto de perdonar, de recordar, de llorar felizmente.
Las Navidades nunca acabaran, entonces decidí convertir cada una de ellas en un momento mágico, fotografiar cada sonrisa, cada abrazo, cada susurro al oído de padre a hijo es mi Navidad.
Mira tú Metrópolis, mira más allá de los problemas, párate donde te dé el aire sobre el rostro. No eres solo tú el único que vive, no eres el único que está solo, no eres el único que perdió a mamá.
Cada Metrópolis es un planeta.
Cada planeta es otra Metrópolis. Tienes 9 posibilidades de ser feliz.
Decidí quedarme en casa, no preparé ninguna cena. Encendí velas por toda la sala, tendí una alfombra sobre el suelo y sentado de cuclillas recibí meditando el nuevo año. Pedí deseos a las estrellas que caían, me desahogué, me limpié, y puse música desde la terraza para que todos oyeran mi felicidad. Magníficos los colores que iluminaban mis pupilas cada vez que estallaban fuegos artificiales en el cielo. Brincaba de aquí para allá. Amaba mi soledad, estaba en transe, estaba oscuro arriba, había multitudes de globos revoloteando medios atascados por los cables de electricidad. Cerré los ojos y me deje llevar por el sonido envolvente, sentí como mi cuerpo se elevaba hacia lo más alto, algo me mantenía calmo, adormecido. No sentía mi cuerpo o quizás me sentía muy liviano, se me acariciaba el cuello, se me besaba el pescuezo. No quería romper la magia, luces multicolores que van desde el dorado al violeta me encerraron en forma de tubo con Sebastián, con su alma convertida en carne pero transparente.
Cada Metrópolis es un planeta. Cada planeta es otra Metrópolis.
Tengo 10 posibilidades de ser feliz.

29 diciembre 2010

La Sonrisa de Abuela Elisa (Cap 14)

Luciano llamó hasta que su factura telefónica colapsó, a veces yo, levantaba el tubo del teléfono solo para oírle respirar. Su boca no mencionaba ni una sola silaba mientras mantenía esos segundos el auricular sobre mi oreja.
Decidí viajar hacia el campo los días domingos, la abuela Elisa me recibía a cualquier hora con tal de tenerme como compañía. Juntos pasábamos toda la semana recorriendo el jardín. Me ocupaba de cortar las flores secas y después de trabajar posábamos los cuerpos al aire libre para tomar un té de manzanilla.
Elisa es una mujer magnifica de aquellas que siempre están felices porque si. Trabaja duro todos los días y jamás usó los servicios médicos. Amante de comer sano, coqueta, divertida, con una sonrisa perfecta, contagiosa y con mente de joven mujer.
Qué bien se siente cuando se es libre en medio del aire, que bien se está sin preocupaciones, que bien te trata la vida cuando le place. Ya no lloraba húmedo si no seco. Extrañaba a mis amigos y a Luciano también. La primavera estaba llegando, ya se veían manadas de abejas obreras rondar cerca de los dulces frutos de la higuera. Traían consigo ganas de reír a carcajadas, ganas de oír música.
Tú ya sabes cuándo te sientes mejor le dije a mi rostro del espejo mientras me cortaba al ras el pelo. Dejaba con cada trozo que caía todo aquello que había pasado, cuando terminé cogí el teléfono y llame a cada uno de mis amigos. Carolina y Andrea hermanas gemelas junto a lo demás organizaron de verme y al viernes ya estábamos sentados cuclillas sobre el césped hablando de que habíamos hecho en estas vacaciones. - Tenemos una sorpresa dijo Carolina, en verdad son dos en una sola. Andrea le tapo la boca para que no siguiese hablando.
Te vendaremos los ojos por un momento y esperad aquí que vengo por ti en un momento asintió una de ellas. Oí que le decían lo mismo a alguien más.
Carolina me tomo de la mano derecha llevándome detrás de ella a pequeños pasos hasta llegar al rosedal, reconocí estar allí cuando estuve sentado por el chillido de la madera vieja, estaba sobre lo más valioso en recuerdos de Elisa, en donde junto a su Amor jugaban al ajedrez tarde a tarde hasta que murió naturalmente frente a ella. Apoye ambos codos sobre la mesa desparpajada. Mis ojos ciegos despertaban otros sentidos en mí, los oídos me transportaban a todo el predio, la cascada que llenaba el lago, del otro lado las rosas de Elisa.
Todo era manejado por una de las gemelas quien luego dijo
- Han de contar hasta diez para quitarse la venda de los ojos.
Seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, en voz baja hasta cero cuando al momento de quitar la ceguera de mi cuerpo observé en recto a quien terminaba de quitarse las manos del rostro, Sebastián estaba sentado frente mío, vestía tal cual como la ultima vez, parpadeé varias veces porque la luz nublaba mi vista como si tuviese alguna basurilla en ambos ojos, cuando visiblemente aclaré se lanzaron dos brazos hacia mí, Luciano era mi sorpresa. La mesa y sus dos sillas se desplomaron enseguida, quedaron restos de cenizas, cada vez menos, culpa del viento que se las llevaba.
Se nublo, el césped secó, las rosas congeladas mantenían su perfil incoloras. Nos tomamos de las manos y dimos de a vueltas de izquierda a derecha, viceversa también. En medio nuestro empezó a crecer desde la tierra una enredadera enorme, color azul, hojas azules también. Contradictoriamente no nos enredaba si no que crecía velozmente hacia arriba, hacia el cielo, su tronco raíz debía ser muy fuerte, no sé cómo lograba mantenerse recta tan débil rama a mi vista.
Descocía donde estábamos, no había nadie más que nosotros. Había algo que me llevaba a trepar el enorme árbol, quería subir. Tengo ganas aun. Luciano me hablaba, decía algo cada vez fuerte pero no se oía en absoluto, miraba sus labios esforzarse para gritarlo pero era inútil. Mezclado con el sonido de las tejas desprendiéndose de su techo madre de toda la vida sonaba en su misma velocidad de sonido una canción fecunda que embriagaba el cuerpo erizando los bellos de mis brazos. Mi garganta se incendiaba cada vez que preguntaba si Sebastián estaba presente, si era él quien estaba allí en verdad. Como un dragón, disparaba fuego de mi boca que caía velozmente al suelo quemando los restos de césped secos. Fuego que se llevo las rosas congeladas, fuego que ardía a la velocidad del sonido canción, sonido de las tejas desprendiéndose de su techo madre de toda la vida.
Caí desparramado a los pies de Luciano quien intento levantarme, junto a los demás de un momento a otro que aparecieron entre las llamas que veía yo mientras yacía ojiabierto en el césped. Me estremecí al volver en sí cuando me sentaron en la silla de los recuerdos de Elisa.
Mágico y real aquello, me sorprendí, Luciano no habló de la magia que nos encerró por momentos a los dos, como si yo hubiese sido el único participe de aquello. Me sonreí.
Los minutos siguientes se hicieron horas en el campo junto a ellos, mis queridos sinceros. No despegue mi mano enlazada a la de Luciano, Andrea tomó su guitarra y en la sala nos deleitó con melodías de nuestra banda favorita. Elisa enseguida preparo la cámara fotográfica y nos tomó una a todos juntos, después fotografié al grupo con mi abuela sentada en mi lugar, abrazada de Luciano.
Aventé sosteniendo la fotografía instantánea y noté que en todas las copias obtenidas había una luz blanca que tapaba mi rostro y el de Luciano.
- Quítale el flash y toma otra dijo carolina entusiasmada por una perfecta.
Tomé una que otra más y le pedí que la revelase ella, ahora si están mejor, dijo.
Les agradecí por venir hasta aquí y prometí estar bien, pero nada podrá asegurarme que lo estaré.

27 diciembre 2010

La Duda (Cap 13)

A pesar del profundo dolor que atravesaba mi alma, dedique doce de mis días al centro de investigaciones de la provincia. Declare cinco veces sentado sobre un banquillo de hierro en el cuarto azul viejo de la jefatura de criminología. Decían sus voces uniformadas que los homosexuales son impulsivos y que no sería la primera vez que uno de nosotros pierde la libertad por peleas amorosas que terminan en la mayoría de los casos en tragedia.
Faltan menos de dos semanas para que concluya el año y el comportamiento del terrorismo doméstico o familiar no disminuye sino que parece que alcanzará cifras records. A día de hoy van 77 hombres asesinados por sus parejas gays, más de 20 hombres asesinados por sus mujeres y veinte niños por sus padres. Las mujeres asesinadas por sus parejas han aumentado un 137% pasando de 56 en años anteriores a las 77 hasta la fecha, siendo la cifra mayor desde que se llevan los datos según la serie del Ministerio de Igualdad.
Me señalaban dedo a dedo como asesino, sabiendo dios que yo no empuje a Sebastián por el ventanal, legalmente soy inocente pero emocionalmente soy el único responsable.
Retírese que lo llamaremos luego dijo el abogado de la familia. Volví a casa con mi torso devastado por permanecer sentado tanto tiempo. No logre dormir ni la cuarta parte de un sueño normal.
Había descendido en peso y mis huesos chillaban al levantarme del sofá. Logre explicarles a mis padres que había fallecido un amigo, suficiente cuento para que me respetasen con sus preguntas matutinas.
Anteriormente llegue a la capilla del pueblo, eran las siete cuarenta y cinco de la madrugada. Silencioso con mis pasos senté mi cuerpecillo en el último banco de la sala, apoye junto a mi gabán negro dos margaritas recién tajeadas del jardín de mi abuela Elisa y gacho de cabeza recé a María virgen.
Era casi la hora de partir para el cementerio que quedaba a veinte minutos en automóvil entonces me puse en pie de inmediato, se me miraba extraño, se hablaba entre orejas y vi pasando entre la multitud odiosa de verme a Rosana, quien se acerco hacia mi hombro lanzándose con un abrazo desparramado, desequilibrado de fuerzas. No llores por mi hijo, se que el amor era muy grande para caber en el corazón de Sebastián, Rosana remojo su dedos en agua bendita y marco sobre mi frente la bendición. Sentí un alivio sanador sobre mi cuerpo, el aire entraba y salía por mis narices sin atorarse cuando codeándonos acarreamos el ataúd hacia la puerta ayudado entre otros. No sentía peso sobre mis manos pues desde las costillas hacia arriba me partía en mil pedacitos. Llegando hacia la puerta antes de descompensarme dos personas retomaron la manija de mi costado dejándome atrás mientras avanzaba la procesión. Estaba solo en aquel lugar, si hoy volviese me emocionaría de la misma forma mientras os cuento esta historia.
Todos nosotros sin salvedades hemos perdido algo en la vida, las perdidas son parciales y/o totales en algunos casos, de ahí en más nos valemos por nuestras fortalezas para continuar viviendo. Tenemos que reinventarnos día a día, buscar nuevos amores que devuelvan luz a nuestros rostros, plantearse objetivos claros es la misión más lógica que dejan ver nuestros padres.
Cito la historia de la Reina Victoria que en 1861 fue un año trágico para ella : el 16 de marzo muere su madre, la duquesa de Kent, y el 14 de diciembre fallece su esposo Alberto, el Príncipe-Consorte. La pérdida de quien fuera su compañero, amigo y consejero devastó a Victoria, que mantuvo un estado semipermanente de luto y usó el color negro en sus vestidos para el resto de su vida, casi 42 años. Evitó las apariciones públicas y rara vez puso los pies en Londres durante los años siguientes, ganándose con ello el apodo de la "Viuda de Windsor". Ella consideró a su hijo, el príncipe de Gales, joven indiscreto y frívolo, como el culpable de la muerte de su padre.
Pero yo no podre al menos por un tiempo poder tener control mental y emocional de mi corazón como lo hizo la Reina, yo necesito del amor para vivir, para ser feliz, para tener una familia, para criar a mis hijos. Vera usted que haciendo el amor se tiene un hijo y teniendo sexo un goce.
Así, moribundo, sin voz de tanto gritar oí el llamado de mi madre que me esperaba con sus a brazos rotos en la esquina, camine. Viajábamos de regreso a casa cuando desperté sobre mi cama veintiocho horas después.

21 noviembre 2010

Jaque Mate (Cap 12)

Me enamoré inmedíatamente de su amplia sonrisa, yo recuerdo que había intercambiado mails antes pero nunca me había respondido entonces quedó todo en reposo. Nunca antes lo había visto y mucho menos había oído su nombre,una tarde acordamos en vernos sobre la vereda del cine de la ciudad
pero ese mismo día había discutido con mi madre por los horarios y los permisos que me daba,
entonces no pude estar presente en aquella cita pero luego llamó a casa y re programamos
la salida acordando ir a un club nocturno.
Ahí estaba el, medía un poco menos que yo, era igual al de la foto, llevaba un sobretodo marrón, entre cuadras ya distinguía su sonrisa. Me acerqué y quedé envenenado entre su perfume, parecía una película, las luces que iluminaban la cartelera de estrenos esa noche se encendían cada dos segundos, la luz golpeaba sobre su mejilla derecha, se levantó de la escalera de acceso y empezamos a hablar espontáneamente de nosotros, no dejaba de observarlo, sabia hasta cuantas veces pestañeaba por minuto. Nos divertimos mucho esa noche, un par de mujeres nos rodeaban en la pista y cada uno de nosotros tomo a una de ellas de la mano invitándola a bailar mientras sonaba una canción que al parecer ambos habíamos escuchado antes, en los estribillos nos mirábamos levantando nuestros índices. Nos retiramos antes que el dj toque la ultima canción, hacia mucho frio, nos disparamos detrás de un árbol y me abrazó dulcemente, me adormecí en su hombro hasta que un desliz provocó el principio de un beso apasionado. Sus labios traspasaban los míos, mi piel tomó calor por rozarse con la suya, estábamos excitados solo de estar abrazados. La patrulla se acerco a mirarnos, bajaron dos policías a hacernos la requisa y después se fueron, nosotros procesamos detrás del coche mientras ellos avanzaban hacia la calle principal. Luciano tomó luego un taxi y yo caminé hasta casa ya que no estaba a más de cuatro manzanas desde donde despedí sobre el taxi a Luciano.
Era el 18 de septiembre del 2004 cuando esa madrugada volvía a casa, ese mismo día Sebastian cumplía años y yo sin que el lo supiese ya lo había cambiado. Veía a mi vida como a un tablero de ajedrez, moviendo de aquí para allá mis piezas, la primer fila de cuadrillos estaba formada por mis propias defensas, la segunda representaba mis sentimientos, la tercera mi cuerpo y alma, por ultimo la cuarta, formada por la torre y los reyes que representaban mis recuerdos.
Dicen que la torre es como un árbol y en las cartas del tarot arcano simbolizan buen augurio dependiendo si esta sale del derecho o hacia abajo. Ahora debía encontrar a quien manejaba mi vida convertida en fichas, quien movía mis casilleros en realidad, era yo me pregunté, era dios? no lo sé.
Había sin darme total cuenta derrotado al Rey de mi contrincante ficha por ficha y es allí donde pensé si estaba jugando bien la partida.
Aquella tarde nos reunimos en la habitación junto a Sebastian para retirar cada uno sus pertenencias, pensé que llegaba temprano pero el ya estaba dentro tirado contra una esquina, moribundo, lloroso, asustado. Me acerqué junto a el y lo recogí de a pedacitos de el suelo, le pregunte que era lo que le pasaba y silabeando dijo, no me dejes por favor, yo te Amo.
Empezaron a caer lágrimas de mis ojos, estaba triste por el no por mi. Me senté junto a el mas tarde y oponiendome a su abrazo dijo que si yo fuese una mujer también se hubiese enamorado de mi. Por primera vez sentí recorrer el amor por mis brazos, nunca antes había sentido amor verdadero, ni de mis padres, ni de un hermano, nunca antes.
Nos besamos como si el planeta tierra tuviese dos minutos de vida, bésame y házme el amor, déjame unirme a tu cuerpo, dájame devolverte en besos todo el amor que siento por vos, quiero devolverlo porque no puede quedar encerrado en mi, no sabría que hacer con el, nadie lo
podría tomar porque es muy grande, no cabería en ningún ataúd porque el amor esta en el aire, el amor esta por todos lados, es como un gas que si esta junto a su otro componente se vuelve sólido y cuando este desaparece se vuelve gas, repuso.
Nos quedamos dormidos traspasados en alma y cuerpo, mientras soñaba que caminaba por una pradera color maíz llena de caballos blancos que galopaban a todo motor, yo corría detrás de ellos para devolverlos al corral de alambres púas, pero si que eran veloces, agitaba mis brazos para que me vieran pero no entendían mis señas, me rendí, estaba agitado, sin reparación, sin control de mis pulsos escuchaba solamente perderse el temblor que provocaban los caballos con alas sobre la tierra. Me desperté muy angustiado, di medio giro sobre la cama y estire mi brazo derecho
como si nadara sobre las sabanas azules, encontré solo un recoveco frío, Sebastian no estaba junto a mi lado. Me tiré hacia el piso en busca de el, las ventanas del tercer piso de nuestra habitación estaban entre abiertas, las cortinas blancuzcas revolucionadas por la corriente de viento frío que las atravesaba intentaban decirme algo, entonces me enrede entre ellas al momento de posarme sobre el ventanal, miré lentamente hacia el cielo cuando al bajar la vista reconocí sobre el tejado gris del primer piso el cuerpo de Sebastian ensangrentado, de espaldas
hacia mis ojos claros. Quería saltar en busca de su rescate, quería ser como los super héroes, de esos que vuelan para salvar a quienes se caen de gigantes edificios. Me atraganté entre
mis gritos, me di palmadas sobre el pecho culpándome, Sebastian estaba muerto, habia terminado con su vida a los veinte y nueve años. El amor que nos teníamos se había vuelto gaseoso y circulaba entremezclado con el viento. Bajé por las escaleras, el tropiezo me salvó de saltar casi doce escalones antes de llegar a el lugar, la puerta vidriada del primer piso estaba cerrada, tomé el matafuegos de la recepción y rompí el cristal para ingresar hacia donde yacía Sebastian, cai arrodillandome sobre los vidrios y lo sostuve entre mis brazos pidiendo a gritos que regresara en si, pidiendole a dios que me devuelva los caballos blancos de aquel sueño que tuve. Senti que dos hombres me desprendian de su cuerpo, me quitaban de sobre el hasta que desmayé por el forcegeo de los uniformados. Desperté al dia siguiente sobre una camilla en el hospital central, la primer imagen que tuve fue la de mi abuela que me abrazó fuertemente
cuando vio mis ojos abiertos, lloré mares sobre sus hombros hasta que recordé que quien llamaba a los caballos blancos desde el otro lado de la pradera color maíz era Sebastian.

14 noviembre 2010

AM Y FM (Cap 11)

Note que el pan francés no servía para hacer sándwiches, debería haber comprado pan integral esta mañana cuando hice las compras en el supermercado, me dije a mí mismo.
Sebastián y yo estábamos dentro de la cabaña porque afuera llovía a cantaros, llegamos a las dos de la tarde al camping teníamos pensado pasar todo el fin de semana. Sonaba música en altavoz desde su teléfono celular mientras dormíamos gran parte de la tarde, unidos, sin confusión,
adormecidos por el amor, uno sobre el otro, no hablábamos nada, solo observábamos las agujas del reloj. Empecé, una vez que salió el sol a recoger ramas para hacer fuego , debía cocinar la carne asada tal como lo prometí, algunas estaban aun húmedas así que no tuve mucha suerte, yo estaba empecinado con encender el fuego de todas formas. Recorrimos el predio acompañados de un perro guardián, decía el sereno que este casaba comadrejas, nos recomendaba no dejar
ninguna clase de comida fuera, eso las atraía y hasta podían estar durmiendo en nuestra cama sin notarlo. Puse cara de terror enseguida, puedo llegar a gritar tanto si siento esa cosa entre mis pies, repuse, Sebastián responde enfrente del sereno, anoche no gritaste de susto, o si? me eche a reír mirándolo. Ese día me decidí a pasarla bien , ya estaba de novio con un hombre y debía llevar la cara sonriente en alto. Más tarde volvió a chisporrotear y otra vez uno sobre el otro amanecimos. Despertar junto a su espalda era lo más maravilloso que había sentido, era tan fácil recorrer toda su piel con mi dedo índice , se deslizaba con facilidad, su piel era terciopelo , era suave , mi dedo no se atascaba en ningún sitio.
Que bello era cada momento a su lado, el miraba tras mis pupilas y podía descubrirlo todo en mi. Llevábamos poco más de diez meses amándonos
a su manera , a la mía también, amándonos sobre el césped de la plaza, desnudos en invierno por donde fuese. Alquilamos una habitación en el centro de la ciudad, entonces me ocupe de amoblarla ya que no tenía nada en su interior, Sebastián trajo desde su casa un escritorio y a cuestas
una caja con libros de lenguas para estudiar, el era ya un hombre grande no tenia que dar explicaciones de lo que hacía en su casa, gan diferencia la mía, yo si debía. Vivía atormentado por mi madre, llamándome por teléfono cada cinco minutos preguntándome donde y con quien estaba
, mi habitación en casa ya era casi la suya , mama revisaba todo lo que se le ocurría , ella sabia cuantos slips tenia , de que colores eran , no dejaba pasar nada, Eso me tenia mal , no estaba preparado para confesarlo , tenia miedo que ella me castigue alejándome de mis hermanos
, se que ella tenía miedo que ellos sean como yo , como si la homosexualidad fuese una enfermedad contagiosa. Valla estupidez.
Trabajaba duro con mi cuerpo, abría las piernas para caminar como hombre, me la pasaba horas mirando como caminaban ellos para asemejarme más, llevaba siempre las manos dentro de los bolsillos. Me volvía serio, me mutaba de día, cambiaba de noche.
Amaba la noche, tenía ganas de asistir a los clubes todos los sábados, pero Sebastián no me acompañaba, nunca tenía ganas, siempre había algo para estudiar. Yo, con un hombre de casi treinta años no me divertía tan bien. No veía mas allá de las noches hermosas que pasábamos juntos en los hoteles fuera de la ciudad. Estábamos en sintonías emisoras diferentes, el estaba en AM y yo en FM.
Una vez mudados en la habitación me propuso compromiso, llevábamos la alianza, encarnada sobre la piel, era nuestro símbolo amor.
En plenas vacaciones me la pasaba horas en el cyber café, Sebastián preparaba un examen muy importante y pasábamos semanas enteras sin vernos y una noche sin darme cuenta conocí a otro hombre.

09 noviembre 2010

CORAZÓN MECÁNICO (Cap 10)

Los días pasaban frente a la casilla de e-mails solitariamente esperando ese zumbido de aviso. Quería verle de nuevo sin importar donde ni a qué hora, solo quería que me sonriera un minuto más. Mi gran madre, Mi abuela, me desabrocho los últimos tres botones de la camisa diciendo en voz baja , así esta mejor. Sonó el teléfono de casa dos veces, se deslizó mi madre hasta el tubo, cogió la llamada y entregándome el aparato repuso - Es un Hombre.
respondí con voz de sorprendido , y empecé a actuar.
Quien era? - Un compañero, que hoy pasamos el día en su casa -
Preparé una muda de ropa, tenía pensado inventar algo para pasar la noche fuera de casa.
A las 7 nos encontrábamos en el lugar de aquella vez llegue veinte minutos antes, espere semi apoyado a una pared verdosa por la humedad que llevaba años sin darle un golpe de sol. Ahí baja del taxi mentalicé, esperé que viniera hacia la esquina, nos abrazamos fuertemente debajo la copa del arbusto florecido, testigo todos los días de nuestros delitos.
Viniste con tus hermanos también ? - esta vez no, repuse - (me eché a reír).
Caminamos por el parque, cada segundo que pasaba conocía un poco más de él, registraba su cara en mi mente para recordarle cuando no estemos juntos. Estaba nervioso, sabía que en algún momento nos besaríamos, nunca había hecho algo así. Estaban mis manos completamente mojadas, las pupilas en sus ojos ocupaban todo el contorno de su mirada cada vez que nos acercábamos.
Me confesó que su verdadera edad era mucho más que 22 años, tengo 27 años dijo pronunciándolo en silabas mientras mordía sus labios.
Qué?, repuse de inmediato, estaba asustado yo recién cumplía diecisiete, diez años mayor que yo.
Repose la vista sobre un faro de luz cubierto por luciérnagas que encendían sus lucecillas cada vez que este se apagaba, me des concentré hasta que su chasquido me hizo volver en si, creo que la edad no debe ser un problema, en realidad me da igual, dije.
Nos tendimos en un cálido abrazo, sentí como disminuían sus latidos, erizaba en mi su respiración, las luces seguían titilando hasta que se apagaron definitivamente. Tomó con su mano la mía y la llevó apoyándola en la esquina de una de sus piernas, estábamos a oscuras y los automóviles hacían juegos de luces al pasar por la cuadra, olvidamos todo al rededor, acercamos nuestros rostros y dejamos morderse entre si a nuestros par de labios furiosos, las luciérnagas bailaban entre ellas a un costado, silenciosas alumbraban color rosa sobre la tierra, guiando el camino para no tropezar. Cómo olvidar aquello tan perfecto, nunca ha de olvidarle, anote en mi corazón. Sebastián abrazo mi hombro y confesó que yo era también su primer hombre, me sentí importante, me sentí mas grande.
Ahora debía enfrentar a mis padres en el regreso a casa, se había hecho muy tarde.
Mientras avanzaba semáforos el colectivo que me llevaba hasta la calle principal donde vivía, miraba tras el cristal los carteles de las tiendas cerradas, se caía poco a poco una lagrima que traspasaba mi ser, estaba emocionado y a la vez triste, algo bueno me tocaba pero para mantenerlo tendré que sacrificarme toda la vida, pensé, no sabía cómo llevar adelante la situación, me sentía bien pero no por completo, pensaba lo peor mientras recordé que ya habían pasado dos cuadras desde donde vivía, me levanté para bajarme y resbalé del asiento y caí en el centro de la escalera de descenso, dos escalones faltaban para morir, la puerta estaba medio abierta y el coche estaba en movimiento. No emití sonido alguno, camine adormecido por el golpe hasta casa, seque mi cara con el puño de mi abrigo y deje mis cosas sobre el primer sillón de la sala, mama dormía, me recosté y dormí tal cual estaba.
Las cosas cambiaron, de un momento a otro deje de asistir a clases, y Martín se armaba un sermón todos los viernes en la cena

A- Papá, estoy de novio, dije sin pensarlo
Me miro abriendo sus ojos hasta que la costura de su operacion le avise que rompería en cualquier momento.
B- Ignacio, que buena noticia, cuéntame como se llama, es tu compañera de clases?
A- Se llama (titubé) sol, y no es de la escuela.

Mama no dejaba de sonreír, quería que empiece a masticar el pollo para que dejase de tener la boca abierta como pez. Tenía por dentro un fuego en la sangre, estaba mintiendo, estaba evadiendo impuestos, de inmediato Martin organizo una cena con ella en casa, ni lo pienses, le dije, no vendrá hasta que sea algo más serio, no tiene sentido ahora.
Es verdad agregó mi Hermana menor.
Agendé el numero de Sebastián en el celular de papa así le enviaba mensajes porque habíamos planeado vernos esta tarde por decima vez. Salí para el centro a nuestro encuentro, subí la calle paralela, lloviznaba, llegue hasta el descampado en Villa Jardín de Reyes
y ahí espere, a kilómetro olía su perfume, el viento me lo quitaba de la nariz cada vez que la neblina me cegaba, llego con el teléfono al oído y cuando se acerco me hizo una seña para que no le hablara hasta que cuelgue la llamada.

A- Era tu papa Ignacio.
B- Martin? te llamo él?
A- No, fui yo porque pensé que el numero era tuyo y como estaba lloviendo te llame para que me esperes en otro lugar, entonces atendió y le dije que me había equivocado de numero y colgué.
B- Yo agendé tu numero en el celular de papa como Soledad.

Sebastián me observo tenso y yo a el también. Llegue a casa antes de lo que había acordado con mama, Martín estaba viendo futbol cuando me observo entrar, silenció el televisor y tomó el teléfono entre sus manos anchas , me lo mostraba a la cara diciendo;
- Me llamó un chico desde el número de sol, Le pregunte quien era y me colgó -
Dio media vuelta sin esperar que le respondiese y subió los pies descalzos nuevamente al sillón más pequeño para retomar el partido que tan entretenido lo tenía.
Tragué lentamente oxigeno, mi piel estaba coloreada por un azul a punto de tornase violeta intenso, encendí en mi habitación un cigarrillo, busque mi canción favorita
(Duffy - Stepping Stone) y desde mi espalda me arrastre hasta tocar el piso, otra vez quede dormido mientras el replay no dejaba de tocar la melodía.




RECUERDO QUE HACE MUCHO
DIJE QUE NO QUERIA VOLVER A VER TU ROSTRO DE NUEVO
PORQUE TU ESTABAS AMANDO, SI, ESTABAS AMANDO A ALGUIEN MAS
Y ME DI CUENTA OH SI, ME DI CUENTA QUE NO PODÍA CONTROLARME A MI MISMA
Y AHORA TE HAN TRAIDO DE VUELTA A MI VIDA
ENTONCES PUSE UNA CARA IGUAL A LA DE TU AMIGO
PERO CREO QUE LO SABES OH SI, TU SABES LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO
PORQUE LOS SENTIMIENTOS EN MI OH SI, EN MI ESTAN CRECIENDO FUERTES


PERO NUNCA SERÉ TU ESCALÓN HACIA ALGO NUEVO
TÓMALO TODO O DÉJAME EN PAZ
NUNCA SERÉ TU ESCALÓN HACIA ALGO NUEVO
ME MANTENDRÉ EN ESA POSTURA


TU SOLÍAS LLAMARME A CADA RATO
Y VA A SER DEMASIADO DIFÍCIL PARA MI NO CRUZAR LA LÍNEA
LAS PALABRAS DE AMOR QUEDARON EN MIS LABIOS COMO UNA MALDICIÓN
Y ME DI CUENTA OH SI, Y ME DI CUENTA QUE SOLO EMPEORARÍAN LAS COSAS
Y AHORA TIENES LAS AGALLAS PARA ANDAR JUGANDO
DE LA MANERA EN LA QUE EL VIRTUOSO IRRUMPE EN MEDIO DE LA CANCIÓN
TU TIENES TUS PASATIEMPOS, PERO NO ME INVOLUCRES EN ELLOS
Y MIENTRAS MENOS ME DAS, YO MAS LO DESEO TONTAMENTE

NUNCA SERÉ TU ESCALÓN HACIA ALGO NUEVO
TÓMALO TODO O DÉJAME EN PAZ
NUNCA SERÉ TU ESCALÓN HACIA ALGO NUEVO
ME MANTENDRÉ EN ESA POSTURA


(Duffy - Stepping Stone)

02 noviembre 2010

DOMESTÌCAME (Cap 9)

Ahora llevo diecisiete años encima y no llevo puestos tacones, no conozco muy bien, ni se para que sirve el rouge, hay media docena de tratamientos de Belleza sobre el ante baño. Parezco un ave que limpia de a picotazos sus alas negras, esta ave no quiere esperar hasta la primavera para poner sus huevos. Ahora mi jaula se hizo pájaro, mi piel se descascara y los pies se mueven al ritmo de cada canción.
Las cosas en casa no van muy bien, mama hace de cuenta que no pasa nada y Martin tiene cara de pocos amigos todo el día, yo estoy dentro de una procesadora, de esas Familiares, y dentro me acompaña cuatro limones exprimidos, me voy lavando, me voy llenando de acido cítrico para prevenir enfermedades. Llevo el cabello largo hasta los hombros, motivo para que Martin quiera llevarme con su amigo Gerónimo para cortármelo tan corto como a el le parezca, yo repuse que ya era grande, que quería decidir como quería peinarme. La decisión estaba tomada y durante quince minutos jugo con su maquina podadora sobre mi cabeza, corto desde la raíz,mis orejas parecían mas grandes y no me hallaba muy cómodo, pensé en no soltar ni una sola lagrima frente sus ojos, apenas llegue a casa me metí debajo la ducha y me acurruque con mis manos echándome a llorar furiosamente.
Al salir del baño Martin comenta por sobre la voz que ya me parecía mas a un hombre. Me llamo hacia la sala, me pidió que le enseñe mis manos, agarro con mucha fuerza dedo a dedo, empezando por el pulgar y recorto mis uñas al ras, los dedos me sangraban, mientras lo hacia, veía muestras de regocijo en su cara, sacaba la lengua apretándola con los dientes y labios
estaba dedicado a tomar partida con mi uñas, las cutículas ardían como fuego, sufrí callado cada recorte hasta que asomo mama al lugar preguntándole porque se había ensañado tan cruelmente conmigo. Martin no menciono ni una sola palabra.
No podía ni si quiera tomar una taza con mis manos, hasta los toques suaves dolían en las esquinillas de mis dedos. Me recosté y quede dormido hasta el día siguiente. Se comentaba en la escuela que uno de los integrantes del equipo de básquetbol, que representaba en los campeonatos
a nuestro prestigioso establecimiento, era homosexual, en los baños, todos los días encontrábamos grafitis denunciándole públicamente. Fabián, por otro lado no daba cabida a los rumores y simplemente no contestaba, no le llevaba el apunte. La directora envió un comunicado, ponía en pie de guerra a los responsables ofreciendo recompensas a quienes aporten datos. Nuestra escuela es católica, en ella no se puede mencionar la palabra gay, ni es permitido hablar de sexo. Somos esclavos de la palabra divina del señor, somos sometidos a ideas basadas en libros, en historia.
Que pasaría si Fabián lo fuese? El cardenal lo expulsaría del templo?. Las cuestiones sacerdotisas son complejas, existen casos de violaciones y acosos sexuales por parte de los dictadores de la palabra. Yo no creo en la iglesia, solo creo en aquel hombre que lucho por nosotros y partió de su pan para alimentar a los pobres.
Creo en mi propio dios, creo a quien le pueda abofetear la cara cuando me venga en gana. Creo en quien pueda ver, en quien pueda tenderme en un abrazo no solo cuando lo precise. Que pasaría si al dios que ustedes rezan no existiese? Por ese miedo yo me decidí a creer en mí. La iglesia cristiana entre otras forma parte Del ente más discriminador del mundo, a los homosexuales, hombres de carne y corazón rojo como Jesús, los tienen catalogados como hijos del demonio.
Jesús no menciona en esos escritos que debemos dividirnos de aquellos hombres que aman a otros hombres de un mismo sexo. Amar es amar sin diferencias, como al hijo del prójimo o como al hijo del esposo. No pueden domesticarnos porque no somos animales, no somos aves de magos mágicos ni mucho menos hormigas obreras. Somos unísonos en nuestras elecciones cuerdas, somos jaulas que se hicieron pájaros.
Lloro desafinadamente contra una cuarta parte de la pared que sostiene un costado de mi cama, Necesito saber si en un futuro voy a ser como Martin y mama, o por elección seré lo que quiera ser. Llorar no es un acto de debilidad, al contrario, es un accionar con garras de tigre, llorar es desterrar a Jesús de el alama, es gritar en voz baja, Llorar es curar por si mismo las enfermedades toxicas que acumula el cuerpo. Noto que mama revisa mis cosas, veo que lleva puesta en la frente una lupa detective, es recta,es directa, me quiere para ella sola, esta actuando egoístamente.
Estaba con dos amigos del barrio, sobre la vereda del club, a tres cuadras de casa, era feriado y corría viento sud, mariano le comenta a quien estaba a mi lado que yo estaba bajo de peso, entonces se lanza por detrás de mi espalda levantándome con la intención de medir mi peso me eleva por arriba de su cara, cuando toco tierra firme escucho a mama desde la esquina, cruzó la calle en un santiamén, como si vendría a buscar algo que le pertenece, traía en sus ojos lagrimas acumuladas desde el verano.
Se accidento frente a mi nariz preguntándome bruscamente que era lo que estaba haciendo. Me tomo del pescuezo como una puma lleva a la guarida a su cachorro y me entrego a Martin haciéndole señas de lo que ella había visto o entendía.
El león quebró con sus colmillos un retazo de tabla y me dio con ella por todo el cuerpo hasta que la madera se hizo astilla, hasta que la madera se hizo aserrín, hasta que la madera se hizo polvo de carpintería.
Que podía entender el puma y el león si eran animales de la selva me dije así mismo. Mi abuela corrió por los pasillos para ayudarme pero ya era tarde, sin mostrar pena me introduje en la bañera totalmente vestido, cerré los ojos, quite el aire de mis pulmones y deje hundirme por completo.
Durante meses se sostuvo el silencio en la mesa, yo respondía lo justo, podía decir si o no. Había jurado convertirme en hombre, había prometido abrir las piernas mientras Caminase, hablar de futbol los domingos y llevar a una novia a su mesa.
Jesús, yo se que nunca voy a misa, se que no me estas escuchando pero quiero que me ayudes. Jesús quiero confesarme, siento que estoy yendo contra mi voluntad , no puedo sostener los besos sobre la frente de Sofía, me cuesta hablar con voz aguda, Jesús estoy pecando, el sr no respondió mi pedido, pero me limpio el alma.
Se ha puesto de moda en la ciudad los cybers café, espacios de recreación con una gran convocatoria por el uso de internet. Martin se fue de campamento con mis hermanos asique aproveché la tarde para conocer el lugar, era la primera vez que usaba internet y no sabia de que se trataba, si bien en el instituto asistíamos a clases de informática el cardenal había prohibido el uso de internet, temía que nuestras mentes vuelen. Sobre el mostrador atendía un hombre de unos veinte y cinco años, rubio, de profundos ojos celestes.

A- Hola que tal, tendría internet para mi ? El hombre me miro fijo a los ojos y soltó una sonrisa.
B- Si, por supuesto, pase por el box 21
A- Bien, gracias.

Tome asiento sin estar seguro que debía hacer exactamente entonces observe sobre el monitor un mensaje en donde si necesitamos ayuda no dudemos en consultarle al operador. Le envié un mensaje y de inmediato estaba en el box. Me puse nervioso, sonrojado le hable

A- No se como, como hacer...
B- Como crear la cuenta de correo electrónico?
A- Si, eso quise decir.

Todos los días aprendía un poco mas con la escusa de buscar información para la escuela. Ya utilizaba el chat y estaba comunicado con personas de todo el mundo. Me había decidido a contactarme con chicos de la ciudad para hacer nuevos amigos. Empecé a descubrir a compañeros de el instituto, inclusive a Fabián, el estaba de novio con Javier tal como se decía.
Una tarde empecé a charlar con Sebastián, un estudiante de lenguas de 26 años. Más bajo de estatura que yo, tez blanca, ojos miel.
Sebastián me propone un encuentro para conocernos un poco mas, llevábamos dos meses hablando por la red que me decidí a conocerle. Martin no me dejaba salir de casa, si no salía con mama no había forma de dar una vuelta por las tiendas de ropa. Sebastián vive en el centro de la ciudad y para llegar tengo que tomar un colectivo, unos quince minutos
de viaje me llevan hasta la plaza principal, algo se me tiene que ocurrir para poder arreglar el encuentro. Llego el domingo y les propuse a mis dos hermanas menores, llevarlas al parque, mama no se oponía asique esa tarde nos preparamos para estar en el centro al rededor de las diecisiete horas. Tome el teléfono y le llame a Sebastián para confirmarle el horario.
El parque estaba repleto de niños jugando, hacia una buena tarde, compre dos tickets para que maría victoria y paz den una vueltecilla en unos ponis de alquiler, la ronda duraba unos treinta minutos. Me dirigí hacia la calle paralela porque ya estaba sobre la hora y ya debía estar esperándome Sebastián. Esperándole en una esquina, yo bestia una camisa celeste, doblada hasta los codos y un pantalón claro. Desde la otra esquina bajo de un taxi el, era como yo lo había imaginado, mientras se acercaba hacia mi sonreirá, como si nos conociéramos de toda la vida y hacia tiempo que no nos veíamos, nos quedamos mirándonos sin decir nada por unos segundos hasta extender la mano para saludarnos.

A- Hola Ignacio, me esperas hace mucho?
B- No, en realidad recién llego, tengo a mis hermanos en el parque, no podía venir solo.
A- No hay problema, yo quiero conocerlos
B- Si claro, pero en un par de minutos porque están dando una vuelta en poni.

Se hecho a reír dulcemente, caminamos media cuadra hasta el bar de el parque, pidió dos licuados de frutas y conversamos profundamente.
Empezó a oscurecer y sin darme cuenta olvide que ya hacia mas de veinte minutos había terminado la ronda de mis hermanas. Levantamos los pies velozmente y corrí hasta el puesto de alquileres el dueño respondió que se habían sentado en el banco de enfrente a esperarme pero después los perdió de vista. Sebastián me alentaba para que los busquemos, recorrimos todo el parque y no los encontré, estaba sumamente asustado ellas nunca se manejaban solas, no sabían volver a casa. No sabia que hacer, ya no quedaba ni un solo niño en los juegos los carros de dulces habían cerrado y debía estar de regreso a las veinte horas. Le pedí disculpas a Sebastián tantas veces creía necesario el calmaba mi espalda reponiendo que ya las encontraríamos. Se me ocurrió ir a la comisaria más cercana y hacer la denuncia, necesitaba ayuda. Grite llamando a un taxi desde la mitad de la calle y nos dirigimos hacia la comisaria, apenas llegue las vi sentadas sobre el banco de acero, llorosas, asustadas, nos tendimos los tres en un
abrazo. Llegamos a casa después de la hora autorizada, mama nos esperaba afuera, le comente que se habían perdido pero que todo había sido una confusión. Apenas apoye la cara sobre mi almohada hasta el otro día no deje ni un segundo de pensar en el, apenas me levante le respondí con una llamada.
Una voz predispuesta a ayudarme estaba de el otro lado, me sentí bien.